Primero que nada, no voy a inventar cosas nuevas todos los días que decir. No son tantas ni tan variadas. Lo cual no sería inconveniente del todo, porque precisamente nuestra misión tiende a fijar algunos conceptos fundamentales. En segundo lugar, el hecho de amar a la Patria y de amarla incluso con cierta intensidad, a tal punto de ofrendar a ella nuestra Vida: es algo de lo cual no me avergüenzo.
El patriotismo, hoy en día, carece de la buena prensa, por algunas conclusiones que convienen aclarar. El amar a la sociedad en la cual vivimos, el tener un sentido de Servicio, y de Bien Común o de la Comunidad, no llega a diluir el amor de las sociedades menores: el amor legitimo de la familia o el amor legitimo de las personas. Al contrario, una sociedad en la cual se diluyeran las familias o se diluyeran los individuos, seria el colectivismo, seria un totalitarismo insoportable que habría que rechazar.
Lo mismo el amor cristiano de la humanidad, no niega de ninguna manera que esa humanidad es una humanidad diferenciada: diferenciada en Patrias, en Razas, en Lenguas, Costumbres y Naciones. Y a la Humanidad se la puede amar a través de la mediación de la sociedad concreta a la cual pertenecemos, de esta tierra concreta a la cual pertenecemos y en la cual hemos nacido, a la cual llamamos nuestra Patria.
La Humanidad concreta es el conjunto de Patrias diversas y esto incluso en el amor cristiano de la Patria. Porque la Gracia supone la naturaleza, y el amor de Caridad cristiano no niega el amor de estas realidades que están cerca de nuestro corazón como realidades humanas. No las destruye, las sublima.
Sin las raíces hundidas en la tierra no hay fruto, sin las raíces hundidas en el pasado, en la familia, en la Patria, no hay fruto, no hay porvenir; no se hace el porvenir con las rupturas, no se hace el porvenir con la negación del pasado. No podemos renegar de aquello que hemos recibido en la Familia y en la Patria; no podemos renegar de nuestra herencia biológica, de nuestro idioma, de nuestra cultura, de todo aquello que hemos recibido.
Es mucho más lo que hemos recibido del pasado, que lo que hemos hecho nosotros de nosotros mismos: muchas más lo que recibimos por la herencia, mucho más lo que recibimos por el ejemplo, mucho más lo que recibimos por la alimentación, tanto física, como espiritual.
Y ENTONCES HACIA ESO, UNA GRATITUD, HACIA LOS PADRES Y HACIA LA PATRIA, que etimológicamente es << tierra de los Padres >>. No solo tierra, sino aquellas comunidades de hombres que han poblado esta tierra y que han hecho una Patria.
Que la han hecho en las luchas de la Conquista, que la han hecho en las guerras de la Independencia, que la han hecho en el trabajo silencioso y callado de cada día. Es una herencia de la cual somos responsables.
LA PIEDAD, es una de las virtudes Cristianas que nos hace mirar hacia el pasado; pero esa herencia de la cual somos responsables es algo que tenemos que transmitir hacia las nuevas generaciones. La Patria no es un conjunto simultaneo, como la extensión, sino que es un continuo sucesivo, como el tiempo.
LA PATRIA son los hombres, y los muertos y aquellos que están por venir, por eso nadie es dueño de la Patria, pero todos nosotros tenemos el Deber de protegerla por nosotros y para el prójimo.
Es una herencia que hemos recibido y que tenemos que transmitirla hacia el Futuro.
Padre Alberto Ezcurra, extracto de sus sermones patrióticos.

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